Buenos jefes crean buenos ambientes de trabajo
donde se desarrollan personas motivadas que hacen bien su tarea y
encantan a los clientes que, en definitiva, son quienes pagan el sueldo y
hacen la diferencia. Tal es el círculo virtuoso que asegura el buen
camino de las organizaciones. La clave está, entonces, en formar buenos
líderes, dice el consultor de empresas y autor del libro No más pálidas.
Cuatro actitudes para el éxito, mientras lamenta que en Uruguay se esté
perdiendo educación, seguridad y el valor del trabajo.
−¿Alcanza con ser buen jefe para conseguir resultados extraordinarios?
−Es una condición necesaria. Elegí un muy buen gerente general y todo lo demás viene solo.
−¿Qué tiene de particular un buen gerente general?
−No
lo digo yo, lo decía Jack Welch, el legendario CEO de General Electric,
un ícono en el mundo empresarial. Él sostenía que los buenos líderes
tienen cuatro cosas que los diferencian de los demás. La primera, es que
tienen energía por encima del promedio, la segunda, es que contagian
esa energía y andan por la vida desarrollando nuevos líderes,
desarrollando a las personas en su máximo nivel. Y es así, no tiene
derecho a ser líder quien no lleva en su ADN la necesidad de formar
nuevos líderes. Van por la vida con un tarrito de fertilizante y una
regadera haciendo que las flores florezcan. La tercera característica es
que toman decisiones, dicen que sí y dicen que no. No andan a medias,
no arrastran los pies. Si las flores no florecen, las cortan. Y cuarto,
una característica olvidada de algunos líderes: son ejecutivos, hacen
que las cosas pasen. Ejecutan los planes de acción, no se quedan en la
retórica. A veces las empresas confunden lo que es un líder y piensan
que es alguien que habla bonito, que tiene un carisma especial con la
gente. No necesariamente son tipos simpáticos e histriónicos sino que
tienen la autoridad generada por la confianza que los demás ponen en
ellos y hacen que las cosas pasen. El ejecutivo tiene que ejecutar y esa
es una diferencia muy grande de los buenos líderes.
−¿Ha visto grandes líderes en Uruguay?
−Hay
caramelos surtidos en la viña del señor. Hay ejecutivos muy buenos y
hay también de los otros. Ahora que el mercado laboral está muy activo y
cuesta conseguir recursos, es importante que tengas buenos jefes porque
los jefes son los que crean el clima organizacional, los que
desarrollan a las personas. Los buenos jefes no abandonan a las
empresas, las empresas los abandonan a ellos. Las razones por las cuales
la gente se va de las organizaciones tienen que ver más con el jefe que
con la empresa. Por ejemplo, si el trabajo que le ofreció no es el que
esperaba, si se olvida de darle coaching y feed back, si no hay
oportunidades de desarrollo para la persona. Todas esas son
responsabilidades del jefe.
−Las condiciones del país de hoy hacen que la gente se vaya más frecuentemente de una empresa a otra.
¿Se están viendo dificultades para retener el talento?
−Hay
de todo. Hoy se habla mucho del tipo de la generación Y, que quiere
satisfacción inmediata y se va de una empresa porque no le gusta la
persona que le tocó al lado. No siempre es así. Yo conozco
organizaciones que tienen toda gente generación Y y están encantados con
lo que hacen porque tienen oportunidades de desarrollo. Eso no ha
cambiado porque no cambió la especie humana. Vos podés incluso aceptar
un trabajo de menor remuneración si el ambiente de trabajo es muy
distinto a un trabajo donde tu jefe es insoportable. Es más, hay una
estadística de un investigador sueco que siguió durante diez años a más
de tres mil hombres y descubrió que los que trabajaban con malos jefes
tenían hasta un 40% de probabilidad de tener problemas del corazón. Esto
quiere decir que un mal jefe no es neutro, que un mal jefe te puede
matar. Igual, de un mal jefe podés aprender algunas cosas, como lo que
no vas a hacer vos cuando te toque ser jefe. Pero no podés tener un mal
jefe toda tu vida.
−¿Todas las personas son potencialmente buenos jefes?
−Todo
se aprende y se cultiva pero no todos pueden ser jefes. Es más, en
ocasiones cometemos el grave error de promover a un buen técnico a la
posición de jefe, y a veces no resulta un buen jefe. No siempre, pero en
estos casos terminás perdiendo al mejor técnico y ganando al peor jefe,
que le hace la vida miserable a todos los que reportan a él. Las
habilidades que necesita para ser jefe no son las mismas que necesitaba
para ser técnico. Ser jefe es una profesión en sí misma.
−¿Cómo detectar entonces al buen jefe?
−Ah,
es todo un desafío. Primero hay que observar a la persona en su no
jefatura. Debería ser algo medio de cajón al ver a la persona trabajar
con otras personas y poder ver quiénes sobresalen, quiénes son los más
escuchados, quiénes tienen autoridad sobre los demás, quién es respetado
cuando da una opinión. También tenés que ver si tiene la capacidad para
encarar situaciones difíciles, eso es fundamental, va a haber momentos
en que tendrá que decirle a alguien que algo no está bien, e incluso que
tendrá que echar gente. A nadie le gusta echar a nadie, pero ser jefe
viene con todo, con lo bueno y con lo malo, con lo lindo y con todo lo
demás. No me digas, ahora que estás en esta posición, que no podés sacar
a una persona que no está aportando a la organización. Es una decisión
que tenés que tomar como jefe. Si no podés hacerlo, sos un mal jefe. Te
tiene que importar la gente, si a ti no te importan las personas, si no
te alegrás con los resultados de las personas de tu equipo, no sos un
buen jefe. Hay muchos que aplastan a los que tienen al lado, que se
rodean de tontos. Siempre tenés que estar con gente mejor que tú. Si no
la tenés es porque te creíste el rey, el sabio. Vos tenés que rodearte
de los mejores para que a la organización le vaya maravillosamente.
−El temor habitual es que esas personas terminen siendo mejores que uno y lo pasen por encima.
−Sí
y hay que tener la valentía para aceptarlo. Pero si tú no le das
espacio en tu organización, se van. A veces pasa que tenés un tipo tan,
tan bueno que lo taponeás para que la organización no se lo lleve a un
departamento en el que puede ser mucho más útil. Lo apretás porque si te
sacan a esa persona nadie va a hacer ese trabajo. ¿Qué pensás que va a
hacer el que es muy bueno?
−¿Se va a ir?
−Se va a ir a otra empresa, no al otro departamento de la misma empresa.
−¿Cuáles son entonces los cuatro trabajos del jefe que usted imparte en los talleres?
−Construir
el equipo, fijar el rumbo, desarrollar y reconocer. Esto último es
importante, reconocer los logros, reconocerlo públicamente y no estoy
hablando de plata. Hay ejecutivos de alto nivel que no se van de las
empresas por plata, no se van porque no les guste el trabajo, porque no
les guste la empresa, o porque no hayan dedicado toda su vida a esto. Se
van porque no toleran al jefe. Por eso es tan importante el jefe. El
95% de las personas es jefe, tiene jefe o las dos cosas a la vez.
Desarrollemos las capacidades de liderazgo en las empresas porque eso
hace mejores equipos, mejores personas, mejores procesos, productos
mejores con lo cual se satisface mejor a los clientes. Todo empieza con
el liderazgo. Capital humano es gente liderada y comprometida que logra
resultados excepcionales para encantar a los clientes que son los que
nos pagan el sueldo. Y entonces se produce el retorno de la inversión,
por eso el impacto que tienen los líderes es determinante.
−Nuestra región está reaccionando tarde sobre estos temas. ¿En Uruguay solo es asunto de multinacionales?
−¿Cuántas
multinacionales conocemos de origen latinoamericano? Pocas. La
capacidad de formar líderes en Latinoamérica no ha sido foco. Cuesta
mucho. La única forma es desarrollando liderazgo, si no, ¿cómo hacer
para tener buenos procesos en empresas que tienen 500.000 personas?
¿Cómo hacen los tipos para desarrollar jefaturas en distintos países?
Tienen que desarrollar el ADN de la organización y cómo trasmitirlo.
−Pero
la empresa clásica uruguaya no es una multinacional de miles de
empleados. La mayoría son pequeñas y medianas. ¿Esas empresas están
también en la carrera por desarrollar el liderazgo?
−¿Cuál
es el desafío de esas empresas? Yo me siento frente a cualquier empresa
y le pregunto cuál es su desafío y va a ser, seguramente, crecer. Si
quieren crecer tienen que desarrollar el liderazgo. No todas lo quieren,
algunas no quieren crecer y tienen otro problema.
−Hay
emprendedores que no quieren crecer porque quieren tener un control de
lo que hacen. ¿Cuál es el problema con esto? −Si vos tenés una empresa
que no quiere crecer vas a entrar en competencia por el mercado laboral.
¿Qué pasa si una empresa de enfrente tiene empuje, desarrollo y
necesita nuevos jefes? Los tuyos se van a ir a esa empresa. Mientras no
hay trabajo se pondrá a barrer contigo, pero cuando hay mucho trabajo y
una oportunidad de trabajo ahí enfrente, no solamente son capaces de
irse acá enfrente, sino del país. Eso fue lo que nos pasó en Uruguay.
Tomamos la decisión de deportar a muchas personas que consiguieron un
mejor laburo en otro lado. Si hay gente dispuesta a dejar el país, cómo
no va a haber quien esté dispuesto a dejar una empresa ante una
oportunidad mejor de desarrollo. Esto me hace acordar a Steve Jobs que
llamó un día a un ejecutivo que trabajaba para una bebida cola y le dijo
¿querés vender agua con azúcar toda tu vida o venir a cambiar el mundo
conmigo? El desarrollo importa y a los que son muy buenos les importa
más.
−¿Hay oportunidad hoy en Uruguay para quienes son muy buenos?
−Si
las empresas crecen hay oportunidades. El generador de empleo genuino
es que las empresas puedan crecer. La macroeconomía es una condición
para que el ambiente de negocios se desarrolle, para generar un ambiente
pro negocios. Cuanto más pro negocios es un país más chance de
desarrollo.
−¿Ve al Uruguay como pro negocios?
−No como yo quisiera.
−¿Qué le falta?
−Entender cómo se crea la riqueza.
−¿Falta voluntad política?
−Absolutamente.
Los países que progresan son los países que tienen un motor. Creo que
Uruguay ha tenido una bonanza económica muy buena, pero a mí me
preocupan mucho dos cosas muy graves que lo están deteriorando. Nos
compramos los autos, nos compramos los televisores pero la educación se
ha caído, se sigue cayendo y no veo el fondo. Y lo segundo es el
deterioro de la seguridad. Esas dos cosas son muy graves y nos están
hundiendo cada día más.
−Su libro No más
pálidas habla de las cuatro actitudes para el éxito: trabajar en equipo,
actitud positiva, mejora continua y responsabilidad. ¿No cree que
deberían aprenderse antes de ingresar al mercado de trabajo?
−Deberíamos
aprenderlo desde la escuela. Hemos hecho donaciones importantes de
libros para las escuelas de Fundación Logros porque hacer una huertita
en la escuela tiene un montón de connotaciones. Primero, aprenden
haciendo, aprenden matemática, ciencia. Pero, además, aprenden otras
cosas que nos dimos cuenta mirando lo que hacen los chiquilines.
Primero, para sacar esta huerta adelante tienen que trabajar en equipo.
Segundo, tienen que tener una actitud positiva. De esta semilla voy a
tener un tomate, si no pensás que vas a tener un tomate ni siquiera la
plantás. Tenés desde antes la imagen del tomate. Luego no podés dejarlo
ahí, tenés que cuidarlo y mantener una actitud de mejora continua. Por
último, si viene el viento y se lleva todo, tendrás que empezar de
nuevo, y esto denota responsabilidad y resiliencia. Ahí tenés las cuatro
actitudes. Pero lo más importante es que en Uruguay se ha perdido el
amor por el trabajo o la ética del trabajo. Para que te vaya bien hay
que hacer un sacrificio grande, pero hay gente que piensa que no.
Uruguay se ha separado en dos mitades, entre la gente que piensa que
para conseguir cosas tenés que romperte el alma y la otra mitad que
piensa que hay que repartir la riqueza. En la escuela, con la huerta,
los chiquilines empiezan a darle valor al trabajo. y esto es una cosa
que como sociedad tenemos que recuperar.
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